La mayoría de la gente prueba un asistente de IA, le hace tres preguntas genéricas y lo abandona. El salto de utilidad llega cuando dejas de usarlo como buscador y empiezas a usarlo como becario rápido al que hay que explicar bien las cosas.
1. Resumir reuniones y correos largos
Pega la transcripción y pide un formato concreto: decisiones tomadas, tareas con responsable y dudas abiertas. Pedir «un resumen» a secas devuelve un texto plano que no sirve para nada.
2. Convertir notas en un primer borrador
Funciona muy bien para propuestas, actas y correos difíciles. Dale tus notas desordenadas, el destinatario y el tono que quieres. El borrador nunca es el texto final, pero elimina la página en blanco.
3. Ordenar datos sueltos
Una lista de direcciones mal escritas, un montón de referencias sin formato o cincuenta respuestas de un formulario. Pide una tabla con columnas definidas por ti y revisa una muestra antes de fiarte del resto.
4. Preparar preguntas antes de una reunión
Dale el contexto y pídele las diez preguntas incómodas que podría hacerte la otra parte. Es uno de los usos que más rinde y de los que menos se hablan.
5. Explicarte algo que no entiendes
Un contrato, un informe técnico, un error del ordenador. Pide la explicación en dos niveles: una frase para alguien sin conocimientos y un párrafo con el detalle técnico.
Dos reglas para que funcione
- Da contexto y formato de salida. La calidad de la respuesta depende más de eso que del modelo que uses.
- No metas datos confidenciales de clientes o empleados en herramientas que no estén aprobadas por tu empresa.
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