Una passkey sustituye la contraseña por una pareja de claves criptográficas: una pública que guarda el servicio y una privada que nunca sale de tu dispositivo. Para entrar solo desbloqueas el móvil con la huella o la cara.
Por qué son más seguras
No hay nada que teclear, así que no hay nada que un atacante pueda robar en una web falsa. Y como la clave privada está ligada al dominio real del servicio, una página clonada simplemente no consigue activarla. El phishing clásico deja de funcionar.
Tampoco se filtran en las brechas de datos: lo que guarda el servicio es la clave pública, que por sí sola no sirve para entrar.
Qué pasa si pierdes el móvil
Es la duda más repetida y tiene buena respuesta: las passkeys se sincronizan cifradas con tu cuenta de Google, Apple o tu gestor de contraseñas. Al iniciar sesión en un móvil nuevo, vuelven contigo. Conviene además registrar un segundo dispositivo o guardar los códigos de recuperación del servicio.
Cómo empezar
Búscalo en los ajustes de seguridad de tus cuentas principales, donde suele aparecer como «clave de acceso» o «passkey». Puedes crear una y mantener la contraseña como respaldo mientras te acostumbras.
Lo que todavía falla
La adopción es desigual y el proceso cambia de nombre según el sistema, lo que confunde. En equipos compartidos la experiencia sigue siendo torpe. Aun así, la dirección está clara: las contraseñas van camino de ser el plan B.
Deja una respuesta